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21 de octubre de 2013

No. 009 Series de TV

Las series televisadas tienen una enorme ventaja sobre los largometrajes de cine, a la hora del recuento nostálgico, de la cosa identitaria: duran más. No dos horas, sino varios años de exposición a los mismos personajes, los mismos lugares, la misma historia. Esta ventaja puede expresarse con la metáfora boxística de Cortázar: mientras la película tiene que ganar por knock-out, la serie puede ganar por puntos: pegar de a pocos aquí y allá a un televidente comúnmente más desprevenido y generoso que el espectador de cine, que suele ser más crítico y atento.
Esto para justificar un poco este número sobre series de televisión, que extraña en una revista dedicada al cine. Con la única excepción de The Wonder Years, las series de televisión reseñadas en este número de los Cahiers de DVD fueron producidas en la última década. Y es precisamente la última década la etapa comúnmente señalada como la edad dorada de las grandes producciones para televisión, como el momento en que grandes nombres de la industria cinematográfica se dejaron seducir, finalmente, por el formato de la serie televisada. El antecedente más claro del éxito de estas nuevas series puede ser la popularidad de las sit comedies de los años noventa (Seinfeld, Friends); sin embargo, las nuevas series han trascendido el popular género de la comedia familiar y han explorado géneros hasta hace poco más asociados a la cinematografía: la novela histórica, el drama épico… Y en fin, se nos ocurrió que debíamos darle un espacio en los Cahiers de DVD a algunas reseñas sobre series de televisión que nos parecen sobresalientes. Esperamos que funcione.

18 de octubre de 2012

The Walking Dead


Después del Apocalipsis zombi alguien seguirá cortando el césped 
(Juan Andrés Álvarez Castaño)

El hombre se llama Rick Grimmes, lleva terciada una escopeta y va montado sobre su caballo. Va en busca de su mujer y su hijo, indefensos y extraviados en algún lugar incierto. Delante de él se extiende vacía la amplia autopista que conduce hacia la ciudad. A lo lejos, los oscuros rascacielos se levantan como sombras. Al otro lado, apeñuscados en el carril de salida, abandonados e inmóviles, centenares de carros devorados por el polvo. Aquí y allá los cuervos picotean impasibles los restos de algún cadáver decrépito y reseco. En ocasiones el cadáver se levanta y trata de alcanzar a Rick, quien no comprende a dónde diablos fue a parar el mundo… 

La secuencia es uno de los momentos iniciales de The Walking Dead, una de las novelas gráficas más populares de los últimos años, que cuenta la historia de un mundo post apocalíptico infestado de zombis por una razón que nunca nos será plenamente revelada. Se trata de un relato feroz en el cual abundan las yugulares sangrantes, las vísceras y los sesos desparramados, creado en 2003 por Robert Kirkman, a cargo de los guiones, y Tony Moore, como dibujante. La obra, publicada por Image Comics, fue premiada en 2010 en el Comic-Con Internacional de San Diego y el 31 de octubre de del mismo año el canal AMC, conocido por éxitos de audiencia ya casi legendarios como Mad Men y Breaking bad, estrenó su adaptación a la televisión a cargo de Frank Darabort, guionista de Pesadilla en ELM Street en lo que constituyó un nuevo éxito puesto que The Walking Dead se convirtió de inmediato en una nueva serie de culto. 

9 de octubre de 2012

Carnivale


Carnivale: de los límites a la oposición entre el Bien y el Mal 
Vladimir Caraballo y Ana María Restrepo

Escribir sobre series de televisión 

Escribir sobre una serie de televisión cualquiera, CARNIVALE en este caso, ha resultado mucho más complicado de lo esperado. Y esto, sospechamos, obedece a varias razones: en primer lugar, creemos que se trata de un campo muy poco explorado por quienes usualmente se han dedicado a escribir y hablar de cine; no por quienes han hecho cine, pues basta hacer un recorrido superficial por el trabajo de directores reconocidos para darse cuenta que desde hace varias décadas han visto en el formato de la televisión ventajas con las que no se cuenta en el séptimo arte: extensión, acceso a un público masivo, posibilidad de reconstruir guiones, personajes e historias sobre la marcha, etc.; pero mientras que desde hace décadas directores de la talla de David Lynch o de Scorsese no han dejado de explorar este camino, los críticos hasta ahora parecen darse cuenta de que quizás valga la pena hablar de ello. En segundo lugar, la dificultad tiene que ver sin duda con ese usual desprecio con que ha sido vista la televisión en general, relegándola a un espacio soso en donde nada puede ser visto más que telenovelas plásticas completamente ajenas al mundo del arte; aunque sin duda esta visión tenga mucho de verdad, tampoco hay duda frente a que, de estar dispuestos a hacer búsquedas filtradas y juiciosas de un contenido cada vez más inabarcable, muy buenas sorpresas podrían aparecer.

12 de septiembre de 2012

The Wonder Years



Creciendo con los Arnold
Mauricio Montenegro

La historia de la típica familia nuclear estadounidense ha sido contada y revisada por las series de televisión innumerables veces. Como drama o como comedia, como homenaje o como parodia, pero reproduciendo siempre el imaginario de una unidad cultural homogénea y digna de imitar: el padre trabajador, la ama de casa, tres hijos (uno rebelde, uno inteligente, uno neutral), la casa en los suburbios, el césped, cuyo cuidado es ritual, y el conocidísimo etcétera del llamado “american way of life”. 

The Wonder Years (TWY), que fue producida entre 1988 y 1993, una época en que campeaban sosas series familiares del tipo Family Ties (1982-1989), pertenece a ese subgénero. Y lo trasciende. TWY no sólo es una excepción a la mediocridad de las series de televisión de su tiempo: no es tan sencillo su mérito. Más allá de eso, e incluso más allá de la televisión, se trata de un producto narrativo y audiovisual extraordinario en el que todo, los guiones, las actuaciones, la musicalización, todo, roza la perfección. 

Deadwood



El western más incómodo de todos los tiempos 
David García 
“La cabeza de medusa, 
aquella que convierte en piedra a los seres vivientes, 
tú no la has visto sino en el espejo” 
(Oscar Wilde) 

Deadwood es una de las mejores series de televisión que he visto. Lo digo tras volver a ver las tres temporadas que se filmaron completas (2004 – 2005 – 2006), aunque sería más exacto decir las que dejaron filmar completas. Así pues, la serie que más me ha gustado jamás se terminó. Como suele pasar, se alegaron problemas de presupuesto y financiación como excusa para interrumpir indefinidamente la filmación, pero, a juzgar por los comentarios de David Milch, el guionista y creador de la historia, parece que lo que pasó es que resultó una serie demasiado incómoda. En este texto quiero referirme al gesto mismo de la cancelación de la serie, pues me parece elocuente a varios niveles, y, dado que Deadwood no es muy conocida en Colombia, expondré las razones por las que me gustó tanto.